El vacío de PalenqueEn el periodismo, hay una máxima que no perdona: cuando la información calla, el rumor grita.Lo que comenzó como el retiro de un hombre en la paz de la selva, se ha transformado, en cuestión de horas, en un inquietante asunto mediático. La salud de Andrés Manuel López Obrador hoy habita en el terreno pantanoso de la incertidumbre.Vimos un desfile de contradicciones que confunde a cualquiera. Jorge Fernández Menéndez primero reporta un ingreso al Hospital Militar; luego rectifica para precisar, con absoluta certeza y por fuentes muy cercanas, que el expresidente tuvo un episodio cardíaco delicado, que fue evaluado y dado de alta.Por otro lado, Salvador García Soto lo niega tajante. Lo ubica en su finca, citando fuentes de seguridad. Debo decir que ambos son periodistas serios y amigos míos desde hace muchos años; Jorge rectifica la estancia, pero sostiene el incidente: ya no está, pero estuvo.Milenio, por su parte, se limita a decir que “no está internado”. Pero es el silencio que sigue a esa frase lo que realmente pesa en el ánimo nacional.Mientras tanto, en el mundo paralelo de WhatsApp, los mensajes vuelan hablando de escenarios mucho más graves. Pero miren, más allá de la veracidad de un diagnóstico —que en teoría pertenece a la intimidad—, el verdadero problema de fondo es la gestión del silencio.Que la presidenta Sheinbaum, desde Ixtapaluca, apele al desconocimiento, no apaga el fuego. Al contrario: permite que el vacío informativo sea colonizado por la especulación. En esta era de hiperconectividad, el hermetismo total no protege la privacidad; alimenta la inestabilidad.Si las versiones son “falsarias”, como dice el oficialismo, la única cura es la claridad. La transparencia no es una cortesía, es la única herramienta capaz de sofocar el ruido de pasillo. Porque donde hay humo informativo, suele haber una estructura que, por alguna razón, prefiere el aislamiento antes que la verdad.
