El muro de los contrastes
Qué imagen tan extraña, y a la vez tan reveladora, nos regaló este 8 de marzo. Por un lado, vimos a Claudia Sheinbaum, nuestra primera mujer Presidenta, envuelta en el morado de la lucha; un hito histórico, sin duda. Pero el cuadro se rompe cuando esa mancha morada aparece rodeada por la rigidez verde olivo de los militares y protegida por vallas de acero.

Esa distancia es el corazón de la herida. Porque no basta con que una mujer -llegue al poder si las reglas del poder no cambian.

Es evidente que no llegaron todas como dicen-,

Duele ver que la Presidenta decidió ser Comandanta Suprema de las FA antes que ciudadana; que eligió el saludo marcial sobre el abrazo necesario a una sociedad civil que sigue sangrando.

En ese banquete del ‘nuevo inicio’, los platos quedaron vacíos para las madres buscadoras que aún recorren desiertos con la pala en la mano, y para los niños que aguardan medicinas que no llegan. Celebrar el feminismo desde un escenario blindado, mientras se ignora a las que gritan afuera, no es justicia; es usar los símbolos de la mujer para decorar una estructura que sigue siendo sorda.

Este 8 de marzo nos dejó una lección amarga: el eco de las botas sobre el pavimento pesó más que el grito de la calle.

Para la historia inmediata!

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