El eco del silencio y la ruta de la justicia Lo que ocurrió ayer en el Senado no fue solo un debate legislativo; fue el choque frontal entre la frialdad del reglamento y una realidad que quema. Mientras se discutían tecnicismos sobre derechos de autor, el nombre de Naasón Joaquín García irrumpió en el Salón de Sesiones. La senadora Lilly Téllez intentó darle voz a una herida abierta, pero se topó con el rigor del micrófono apagado. Apagar un micrófono por “no ceñirse al tema” podrá ser legalmente correcto bajo el protocolo, pero frente a la gravedad de las acusaciones de abuso y manipulación, el gesto se sintió, para muchos, como una claudicación ética. ¿De qué sirven las leyes en el papel si el recinto donde se crean es incapaz de sostener la mirada a las víctimas? Ese silencio del Legislativo encontró una respuesta hoy en el Salón Tesorería. Ante la pregunta directa de por qué en México el caso parece estancado mientras en Estados Unidos el líder de La Luz del Mundo cumple condena, la Presidenta trazó una línea divisoria necesaria. Su postura no fue solo informativa, sino de deslinde. Al atribuir el cierre previo de los cargos a gestiones pasadas —específicamente a la etapa de la Fiscalía bajo Gertz Manero—, el Ejecutivo reconoce, implícitamente, que hubo una omisión que hoy resulta insostenible. Pero más allá de la narrativa política, surgió un dato concreto: la búsqueda de un acercamiento directo con las víctimas para solicitar la reapertura del caso ante el Juez de Control en Puente Grande, Jalisco. El reto de la justicia real Desde una óptica objetiva, este giro tiene dos caras. Por un lado, muestra voluntad política para corregir una deuda histórica. Por otro, plantea un desafío jurídico monumental: ¿Cómo abrir una puerta que la propia Fiscalía ayudó a cerrar? La justicia no es un acto de magia, es un proceso de pruebas. El reto será presentar elementos nuevos y sólidos que permitan al juez Rodríguez Velarde revertir un archivo que parecía definitivo. Para las víctimas, esta no es una cuestión de agendas o de calendarios políticos; es la diferencia entre el olvido y la validación de su dolor. Estamos en un momento donde la política de seguridad y la justicia transicional se encuentran. La Presidenta ha decidido retomar esta bandera, trasladando la responsabilidad de la impunidad al pasado inmediato. Sin embargo, el éxito de este movimiento no se medirá en titulares, sino en la capacidad del Estado para que la justicia deje de ser un trámite burocrático y se convierta en un acto de redención. Esperamos que este acercamiento con las víctimas no sea solo un gesto de voluntad, sino el inicio de una sentencia real. Porque al final, la única ley que importa es aquella que protege a los vulnerables frente al poder de los intocables. Para la historia inmediata! Imagen.. Bajo el peso de una fe distorsionada, Sochil Martin pasó de ser pieza clave en el engranaje de Naasón Joaquín a convertirse en el rostro que hoy relata el horror del abuso y la captación de inocentes.

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