El teatro del descuido

Era jueves 3 de marzo cuando una pregunta en la “mañanera” dejó de ser un simple dato técnico para convertirse en un reclamo de justicia. Jorge Chaparro no solo cuestionó el acceso de los medios; puso el dedo sobre una llaga que supura impunidad: ¿por qué las escenas del crimen de alto perfil en México parecen puertas giratorias? Hablamos de las entrañas del poder criminal: propiedades ligadas a “El Mencho” y el Rancho Izaguirre. Sitios que, por ley, deberían ser santuarios del rigor ministerial, terminaron convertidos en sets de grabación antes de que llegara el primer perito.La frialdad del deslindeLa respuesta la de la presidenta fue tajante: “Tiene que explicarlo la Fiscalía”. Y tras casi dos semanas de un silencio sepulcral, la FGR respondió con la frialdad del comunicado 141/16. La explicación de Ernestina Godoy es, por decir lo menos, difícil de digerir: nos dicen que no se resguardó el sitio porque “no había condiciones de seguridad”.Aquí es donde la lógica se quiebra: mientras el Ejército —la fuerza más letal del Estado— se llevaba al capo herido, y los peritos esperaban órdenes de cateo que parecían viajar a paso de tortuga, la puerta de la montaña en Tapalpa se quedó abierta. Literalmente abierta. ¿A qué le tuvieron miedo? ¿Acaso la Policía de Investigación no puede acordonar una zona que el propio Ejército ya había “pacificado” con fuego y plomo?Evidencia que se vuelve humoEse vacío de autoridad fue llenado por la curiosidad. Reporteros y civiles caminaron por pasillos que debieron estar encintados, documentando lo que el Estado no quería —o no podía— ver: nóminas de corrupción y nombres que ligan al servicio público con el crimen.Hoy, la FGR nos advierte, casi con alivio, que esa evidencia está “contaminada”. Al romperse la cadena de custodia, esos documentos que podrían ser el hilo negro de la narcopolítica, son ahora basura legal. En pocas palabras: si todos lo vimos por televisión, ya no sirve para castigar a nadie en un juzgado.¿Error o diseño?El problema no es solo la falta de coordinación; es el mensaje de impunidad institucional. ¿Fue una omisión por cobardía o una ventana abierta por diseño? Mientras la Fiscalía dice investigar a sus propios funcionarios, nos queda una verdad amarga: en las cabañas de Tapalpa se encontraron las respuestas al rompecabezas de la corrupción, pero por un “descuido” burocrático, esas verdades morirán en el papel.En México a justicia no siempre se pierde en el juicio; a veces se escapa por la puerta que alguien, muy convenientemente, olvidó cerrar.

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