Al finalizar el 2021 y desde luego al inicio de este 2022 uno de los temas más
controversiales que se quedó en la discusión del escenario político nacional, fue el
de la revocación de mandato.
¿Qué significa hablar de la revocación de mandato? De acuerdo a la Ley Federal
de Revocación de Mandato en su artículo 2 se establece que: ”Tiene por objeto
regular y garantizar el ejercicio del derecho político de las ciudadanas y los
ciudadanos a solicitar, participar, ser consultados y votar respecto a la revocación
del mandato de la persona que resultó electa popularmente como titular de la
Presidencia de la República, mediante sufragio universal, libre, secreto, directo,
personal e intransferible”.
Para ello el Instituto Nacional Electoral (INE) es quien “tendrá a su cargo, en forma
directa, la organización, desarrollo y cómputo de la votación, incluyendo los
Consejos y juntas ejecutivas locales y distritales que correspondan”.
De manera sucinta hay que decir que se generó una animadversión entre la
Presidencia de la República y el INE y por añadidura esto derivó en una pugna
entre diversos actores políticos, debido a los señalamientos por parte del Instituto
en el sentido de que no existían un número real de las firmas que se requieren
para poder realizar la presente consulta y que finalmente se resume a este idea de
que el ciudadano pueda manifestarse a favor de la permanencia del presidente
República en su cargo o su salida dentro del mismo.
Aunado a lo anteriormente señalado el IFE argumentó la falta de recursos
económicos para la realización de este ejercicio.
En su obra clásica, El antiguo régimen y la revolución, Alexis de Tocqueville
escribe: ”Tengo por las instituciones democráticas una simpatía cerebral, pero
desprecio y temo a la masa”.
Por qué citar a Tocqueville en este contexto de la discusión de la revocación de
mandato: el derrotero y la construcción de instituciones en este país,
parafraseando a Churchill sin lugar a dudas ha costado “sangre, sudor y lágrimas”
,y en el caso específico del INE y su respectivo antecedente; el Instituto Federal
Electoral (IFE) debo señalar que ha sido uno de los logros más preponderantes en
lo concerniente a la construcción y consolidación de la democracia en México.
En efecto no han sido del todo inmaculadas estas instituciones por el mecanismo
de selección de sus respectivos integrantes que, al día de hoy dependen de la
voluntad del poder político y con ello a ciertos intereses mezquinos, sin embargo
más allá de nuestras simpatías o enconos hacia las mismas, no podemos soslayar
que han realizado un papel preponderante para arribar a un México en medio de
elecciones más competitivas, plurales, y con una certeza y legalidad que no se
tenía todavía a finales del siglo pasado, sin que ello signifique que la democracia
mexicana y los diversos órganos constitucionales autónomos de este país se
hayan consolidado.
Esto nos lleva a la pregunta de qué tan deseable es para el presidente de la
República y el INE desgastarse como instituciones, en medio de todo un devenir
histórico en donde la política, políticos e instituciones no han gozado del mejor
respaldo por parte de los ciudadanos.
Andrés Manuel López Obrador llegó a la Presidencia de la República en medio de
una elección histórica, en donde obtuvo 30 millones de votos, es decir: el 50 por
ciento de la lista nominal de electores, pero resulta que en esta clase de consultas,
lo vimos, en su momento cuando se realizó la del juicio a expresidentes de la
República que no tuvieron eco y no se llegó al mínimo del porcentaje para iniciar
estas consultas y donde precisamente el Presidente López Obrador tuvo que
hacer uso de sus facultades para que dichas consultas se realizaran, y es aquí
donde regresamos a Tocqueville y su “desprecio y temor” por las masas.
Hasta dónde debemos pensar que este mecanismo de revocación de mandato
debe ser un aspecto fundamental para legitimar al presidente de la República, y
con ello la actuación que ha tenido en estos tres años de su gobierno. En su
momento las urnas y los ciudadanos hablaron, y le delegaron democráticamente el
poder que hoy ostenta para generar los cambios que espera un México ávido de
justicia social, igualdad, crecimiento económico, empleo, acceso a la salud,
educación, acceso e impartición de justicia, más allá de cualquier vestigio de
autoritarismo o demagogia.
El INE tiene el reto y dilema de afianzarse como una institución que surgió como
una demanda de una sociedad civil harta de fraudes electorales y que al día de
hoy dentro de su imaginario no logra desterrar la imagen de consejeros electorales
privilegiados y tendenciosos, por la intromisión de la política y los políticos en sus
decisiones.
Hay diversos asuntos en la agenda política y económica de este país más
apremiantes que, van más allá de una consulta y esto: tanto el presidente de la
República, como el INE lo saben.
De manera que estamos ante un 2022 que nos puede llevar a acrecentar la figura
de un presidente obcecado con su “estilo personar de gobernar” y de un INE y su
consejero presidente, que no puedan continuar con la mecánica del cambio
político y electoral que han representado estas instancias electorales para nuestro
país y desde luego una sociedad, o ciudadanos como le pretendamos llamar,
realmente ausente o simplemente: poco desinteresada en ser partícipe de estos
episodios de la vida política de nuestra país.
