El presente ensayo continúa con el debate que han realizado destacados
juristas mexicanos como es el caso de Jorge Carpizo, Jaime F. Cárdenas Gracias,
Ernesto Villanueva, por citar algunos ejemplos, en torno a la preponderancia que
poseen los medios de comunicación masiva(y del ejercicio periodístico en particular) en
el fortalecimiento, pero también en el detrimento de la democracia en México y por
añadidura del fortalecimiento del Estado de Derecho en nuestro país, y más aún en
este idea global de estar inmersos en la denominada era de la “sociedad de la
información”.
México forma parte de la sociedad de la información tal y como lo refiere la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su artículo sexto, al señalar
lo siguiente : “ El Estado garantizará a la población su integración a la sociedad de la
información y el conocimiento”, de manera que la reflexión del presente ensayo gira en
torno a la conveniencia de hacer válidos los códigos de ética con los que debieran de
trabajar los medios de comunicación masiva, no sólo como parte de la deontología del
periodismo, y de las ciencias de la comunicación, en general sino además desde un
trabajo profesional y por ende: con la imperiosa necesidad de actuar bajo la premisa
de que los medios de comunicación tienen que desarrollar sus actividades desde una
responsabilidad social. 1
¿Cuál es la relación entre los medios de comunicación, y su vínculo con el
fortalecimiento del Estado de Derecho y la democracia en México?
Es total, no podemos concebir un régimen democrático sin medios de comunicación
plurales, críticos que ejerzan a plenitud su libertad de expresión como un derecho
fundamental arraigado no sólo a los medios sino a la propia humanidad desde 1789 a
través de la Declaración de los Derechos del Hombre, no se puede pensar en un
régimen democrático sin medios de comunicación que consoliden su libertad de
información, consagrada desde 1948 a través de la Declaración de los Derechos
Humanos en su artículo 19 y que formó un logro universal, como parte de toda una
serie de luchas desde la sociedad civil, actores políticos, sociales ,académicos, etc.
Ante ello no me parece ocioso recordar las siguientes líneas:” Los medios han sido un
elemento básico de la democratización del país. Hay hechos que demuestran que sin
un tratamiento pertinente y objetivo de la realidad, como lo han hecho algunas revistas
y diarios mexicanos, el proceso de transición hubiera sido más oneroso y lento. En ello
ha tenido que ver un grupo excepcional de medios vigilantes, críticos y promotores de
la deliberación y el debate ciudadano”. 2
Sin embargo: En la medida que los medios de comunicación se dediquen a realizar una
información alejada de la ética periodística, con responsabilidad social y falta de
profesionalismo, de ninguna manera abonan al fortalecimiento del Estado de Derecho
en México, toda vez que desde los medios de comunicación se ventilan asuntos de
interés público que inciden en la formación de juicios por parte de la denominada
opinión pública cada vez más severa con las instituciones, como es el caso de las
fiscalías o de los tribunales que, suelen ser descalificados por su papel en la
impartición y procuración de justicia, en ocasiones de una manera adecuada y en otras
de una forma desfasada, y no precisamente apegada a la realidad de los sucesos, y
con ello los medios se convierten en “poderes salvajes” y nuestro régimen en una
“mediocracia sin mediaciones3 , parafraseando al Dr. Raúl Trejo Delarbre como jueces y
parte de un protagonismo que no les corresponde.
En la actual coyuntura que vive el país y a nivel global, ya no hay vuelta atrás en el
advenimiento de nuevas tecnologías , como los drones que, inquietan respecto a la
regulación que tendrá que realizarse para evitar que éstas nuevas tecnologías vulneren
la privacidad, de cualquier ciudadano, desde el trabajo periodístico la redes sociales se
han convertido en ese “Aleph”, como diría Borges para tratar de encontrar
explicaciones a las tiranas realidades que conforman la historia de cada día desde
ámbitos locales, hasta la esfera global, con medios trasnacionales que juegan un papel
determinante no sólo en la esfera de la información, sino además desde la geopolítica.
No es casual que Ramón Reig haya escrito lo siguiente: ”Algunos estudiosos opinan
que todos estamos virtualmente a merced de los medios de comunicación de masas y
de los medios de estimulación de grupos, mientras otros han sugerido que un lavado
de cerebro y técnicas similares no sólo son poco menos que irresistibles, sino que
conducen a cambios reales y permanentes en el aspecto político y religioso”. 4
Por qué no pensar en reforzar la figura del “defensor de las audiencias”, conocido
también como ombudsman de los medios de comunicación, como esa figura que no
sólo permita que éstas audiencias en medios de comunicación electrónicos, redes
sociales, plataformas se encuentren arropados y sobre todo: protegidos ante los
excesos de los medios de comunicación.
Las redes sociales de manera muy particular han sido espació para la denostación,
calumnias, difamaciones que se quedan impunes y que forman parte de una evidente
violación al honor, al derecho de la personalidad, imagen y vida privada, no sólo de
figuras públicas, sino de cualquier hombre o mujer que, de pronto se ha encontrado con
ese avasallante poder fáctico de medios de comunicación que, aún les hace falta
actuar no sólo con ética, alejados de la tiranía del rating, sino además: entendiendo
que, si bien es cierto que forman parte de la fiscalización del Estado mismo, de la
transparencia de un sistema político, ello no les otorga el derecho de ser partícipes en
la transgresión de los derechos humanos y menos aún de la tergiversación de la
realidad misma, en cualquiera de las esferas en las que nos encontremos situados.
Bien lo escribió el connotado periodista polaco Ryszard Kapuscinski en un brillante
ensayo respecto al periodismo. “Los cínicos no sirven para este oficio”.
Y en México, ya no hacen falta ”cínicos” y menos aún: simuladores del Derecho y la
impartición de justicia. El debate sigue abierto.
1 Veáse Fátima Fernández Christlieb, La responsabilidad de los medios de comunicación, Ed. Paidós, Primera edición, México, 2002.
2 Jorge Medina, Viedas, Los medios en la política, Ed. Cal y Arena, Primera edición, México, 2000, p.66
3 Raúl Trejo Delarbre, Poderes salvajes. Mediocracia sin contrapesos, Ed. Cal y arena, México, Primera edición,
2004, Pp.20-21
4 Ramón Reig, Dioses y diablos mediáticos. Cómo manipula el Poder a través de los medios de comunicación, Ed. Urano Tendencias, Barcelona, España, Primera edición 2004, p.57
