El peso del silencio y la fuerza de la Ley En la política, como en la vida, las palabras tienen dos filos: unas construyen puentes y otras intentan demoler dignidades. Lo que hoy presenciamos en Michoacán no es un simple trámite administrativo ni un expediente gélido en los archivos del Instituto Electoral de Michoacán (IEM); es el eco de un Uruapan que intenta sanar mientras sus liderazgos se enfrentan en la arena pública. Uruapan no ha tenido tregua. Al vacío doloroso dejado por el asesinato de Carlos Manzo, se le sumó el ruido estridente de las transmisiones digitales. El senador Gerardo Fernández Noroña, cuya retórica suele ser un vendaval que no reconoce fronteras, lanzó dardos que cruzaron la línea de la crítica política para adentrarse en el terreno de lo personal y lo sensible. Calificar de “fascista” o cuestionar la “ambición” de una mujer que atraviesa un duelo no es un debate de ideas; es, ante los ojos de la autoridad, un acto de violencia política en razón de género. Ante la estridencia, surgió la mesura institucional. La intervención de IEM, bajo la figura de la “apariencia de buen derecho”, actuó como un bálsamo necesario al ordenar la “limpieza digital” y el cese de los hostigamientos. Sin embargo, el senador no guardó silencio ante el mandato. Al tiempo que acataba la orden de eliminar las críticas dirigidas a la alcaldesa Grecia Quiroz, Noroña negó con firmeza haber incurrido en actos de molestia, hostigamiento o intimidación. Para el legislador, sus palabras no son agravios, sino el ejercicio legítimo de su derecho a debatir y cuestionar a quienes ocupan cargos públicos, amparándose en la libertad de expresión y en su propia investidura. Es aquí donde el conflicto escala de lo digital a lo filosófico: la tensión permanente entre el derecho a la crítica y el límite del respeto humano. Más allá de los videos bajados Lo verdaderamente trascendental de este episodio no es solo el acatamiento de la orden. Lo que queda para la historia es el precedente. Aunque el asunto sigue su curso hacia el Tribunal Electoral (TEPJF) para una sentencia definitiva, la lección ya está sobre la mesa: La responsabilidad del verbo: Quien posee el poder de la palabra tiene la obligación ética de usarla con rigor. El respeto a la alcaldesa representa la protección a todas las mujeres que deciden dar un paso al frente en la vida pública. Al final, este capítulo nos recuerda que la verdadera victoria no pertenece a quien grita más fuerte en YouTube, sino a quien es capaz de honrar las reglas del juego y la integridad del prójimo. La moneda sigue en el aire, pero hoy, el respeto ha ganado una batalla fundamental, a medias…

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