Este texto es una entrega en tres partes, en donde realizo un análisis de algunos de los temas que, desde mi perspectiva, son parte intrínseca de la agenda que debe atenderse en un México que a pesar de las alternancias en el poder y de manera particular, en la Presidencia de la República, no ha llegado a una “democracia sin adjetivos” parafraseando a Enrique Krauze y para ser más precisos aún estamos inmersos en un contexto de marcadas
diferencias sociales, económicas y desafortunadamente con una democracia incipiente y de
manera particular con partidos politicos y actores políticos que no han respondido a las
expectativas de un país como el nuestro que, en medio de procesos electorales y de una
parafernalia en los discursos gubernamentales en sus distintos niveles, la realidad en México
está muy alejada de esa aspiración por cruzar el umbral hacia una democracia más estable y
tangible, y particularmente con una sociedad que deje paulatinamente el rezago social y el
acceso a una vida más decorosa y alejada del clientelismo politico.
Asi que en las subsecuentes líneas encontraremos breves atisbos en torno a los partidos
políticos, y el poder político de manera subyacente.

Podríamos llevarnos cientos de paginas para el presente análisis, pero ¿qué es lo primordial que hay que establecer?: los partidos politicas en México, sean del signo, o de la geometría política que pensemos, no han cumplido con el cometido de ser “entidades de interés público y con ello han renunciado a convertirse en auténticos representantes populares y más aún, en canales para el acceso al poder para todo ciudadano que pretenda ejercer su derecho de “votar” y “ser votado
Se han convertido en franquicias familiares, en espacios para la corrupción, prebendas de toda índole y en ese sentido la pregunta tiene que ser insoslayable: ¿Por qué con la alternancia en la Presidencia de la República, las inercias y rasgos de autoritarismo no han desaparecido en nuestro país?
Me remito a este ejemplo: desde la Presidencia de la República, porque se convirtió en una idea dentro del imaginario colectivo, en su momento, que con la denota del PRI en la Presidencia, la vida de México y en su entorno politico, económica y social cambiaria. Y no es que haya sido algo deleznable la derrota del PRI en las elecciones del año 2000, después de 71 años de hegemonía del partido tricolor al frente del poder, con sus bemoles y algunos saldos no tan favorables al frente del destino de la nación.
La alternancia en cualquier nivel de gobierno, desde el ámbito municipal, estatal y federal es bienvenido, pero resulta que las élites y los vientos de autoritarismo soplan aún con la llegada de una administración que se jacta de ser una “cuarta transformación”.
Se ha generado ingobernabilidad y vacíos de poder en diversos momentos en la actual coyuntura que vive México, como pruebas ni más ni menos que el avance del crimen y la delincuencia organizada, personajes con antecedentes nada gratos al frente del gabinete presidencial y en cargos de representación personal; la permanencia de un corporativismo y clientelismo politico que se supondría habria quedado en el pasado.
Desde la esfera presidencial se ha marcado la intromisión en las facultades de otros órganos del Estado, y con ello se ha vulnerado la división de poderes tan necesaria, para una “República, representativa, democrática. federal y laica como to refiere la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Primero los pobres? ¿Se ha eliminado la pobreza en México? Realmente no y pese a la popularidad o descrédito del presidente de la República, México mantiene una evidente desigualdad en diversos sectores claves para el desarrollo y bienestar del grueso de la sociedad mexicana.

Tenemos un PRI con una dirigencia desarraigada de sus bases y con la brújula perdida de lo que ese partido significó y representó en algún momento de la vida politica de este país. El PAN abandonó sus principios doctrinarios y fundamentales de sus fundadores: Manuel Gómez Morín y Efraín González Luna. Ahora al interior de sus filas hay un franco divisionismo y han perdido su identidad de un partido de oposición alejado de concertaciones y de oportunismo politico.

Morena reaviva esas prácticas de un priísmo que tanto criticaron el dedazo e imposición de sus candidatos desde la figura presidencial que es su principal líder politico, aunque al interior de este partido se niegue y con la tentación autoritaria de no permitir la presencia y ascenso de sus bases a cargos de representación popular
Decía Ikram Antaki en su texto, El manual del ciudadano contemporáneo que: “La democracia cambia las formas del poder, no su esencia”. Es fatal que, en la democracia, el poder sea conquistado por nuevas élites. Los cambios del poder,
llámense como se llamen, son cambios de éltes” Y este ha sido al dia de hoy la tirana realidad de México.

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