El silencio de los pinos en Tapalpa no se rompió aquella mañana del domingo 22 de febrero con un estruendo, sino con una palabra que, en el papel, debería ser ley: “Entréguese”. Este martes 10 de marzo, el General Ricardo Trevilla Trejo reconstruyó los últimos minutos de Nemesio Oseguera Cervantes. Lo que nos presentó fue una narrativa que transita entre el deber militar y la cruda realidad del fuego cruzado. Según el mando, no se buscaba un cadáver, sino un detenido; sin embargo el armamento y la determinación de alias El Mencho escribieron un guion muy distinto.La crónica oficial nos habla de dos actos teñidos de luto. Primero, las cabañas; luego, la espesura del bosque. Es aquí donde el comentario debe ser punzante: la operación le costó la vida a tres efectivos militares; tres familias rotas por el cumplimiento de una orden.El General fue claro: “Si se está muriendo nuestra gente, tienen derecho a defenderse”. Es una frase que justifica el uso legítimo de la fuerza, pero que también desnuda la vulnerabilidad de nuestras instituciones frente a grupos que no conocen de códigos ni de rendiciones. El hecho de que se le brindaran primeros auxilios al agresor herido antes de subirlo al helicóptero intenta humanizar el caos y proyectar un Ejército apegado a protocolos internacionales, pero la realidad es que el desenlace ya estaba dictado por el plomo. El Nudo del Misterio: ¿Dónde murió realmente? Aquí entramos en el terreno de la duda periodística. ¿Por qué el acta de defunción número 3830 sitúa la muerte a las 10:30 horas en el municipio de Tapalpa y no a bordo de la aeronave militar que lo trasladaba?Esta discrepancia no es menor. El documento es frío: “múltiples impactos de bala y traumatismos”. Para la narrativa oficial, el corazón de Oseguera dejó de latir en el sitio del conflicto. Pero, ¿es una precisión forense o una necesidad jurídica para blindar la carpeta de investigación? Fijar el deceso en el lugar de los hechos simplifica la jurisdicción, pero alimenta el escepticismo de quienes buscan una transparencia total en operativos de este calado. Finalmente, nos topamos con la opacidad. Ante la pregunta de la reportera Reyna Haydee sobre evidencias visuales, la respuesta fue el silencio administrativo: “Todo está en la Fiscalía”.Hoy queda el registro de una operación que intentó ser pulcra y terminó siendo sangrienta. Nos quedamos con el eco de los disparos y una sierra que no volverá a ser la misma. La muerte de alías “El Mencho” cierra un capítulo criminal, pero abre otros interrogantes sobre la transparencia y el costo real de la paz en México. Al final, lo único que tenemos es un acta de defunción y la palabra de quien sostuvo el fusil.

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