En la política mexicana, la velocidad de los acuerdos suele ser directamente proporcional al tamaño de las concesiones. En menos de 96 horas, lo que parecía una fractura inminente en la coalición gobernante se transformó en una fotografía de unidad absoluta en torno al “Plan B” de la presidenta Sheinbaum. Pero, como en toda crónica de poder, lo más relevante no es lo que se firma con bombo y platillo, sino lo que se omite en la letra chiquita. Bajo el sello de un “consenso selectivo”, la narrativa oficial celebra la austeridad mientras el análisis revela un repliegue estratégico. Para salvar la reforma, se sacrificaron los puntos que más dolían a los aliados: la reducción del 25% al financiamiento de los partidos y el cambio en la asignación plurinominal. Al sacar de la mesa estos temas que beneficiaban al PT y al Verde, la aspiración de ahorro original de 12 mil millones de pesos se desinfló hasta quedar en apenas 4 mil millones; un recorte 66% menor al prometido. Aquí es donde la técnica legislativa se encuentra con la picardía política. Mientras el oficialismo defiende el ataque a los “privilegios”, el tijeretazo real ya no toca las arcas partidistas, sino que se redirige hacia los congresos locales y los cabildos. Es la aplicación de la vieja máxima: hágase la voluntad de Dios, pero en los bueyes de mi compadre. Para las voces críticas, no estamos ante un simple ajuste administrativo, sino ante un diseño de control que busca apuntalar la figura presidencial en la boleta de 2027. El riesgo real es la fragilidad técnica: al asfixiar las estructuras operativas bajo el velo de la economía, se corre el riesgo de erosionar la pluralidad. Las democracias modernas rara vez caen por golpes de Estado; suelen desgastarse silenciosamente desde adentro. Al final, la coalición priorizó la supervivencia de su alianza sobre la profundidad de su bandera de austeridad. Y aunque Sheinbaum asegura que “no quitará el dedo del renglón” …Mmm Su comentario suena a eco vacío. Yo llegué a creer que haría a un lado las exigencias de sus aliados, pero la realidad se impuso: los necesita. Son los “partidos gozne” que mantienen la maquinaria en marcha. Así, la discusión se traslada del Congreso al terreno de la opinión pública, vendiendo la eliminación de plurinominales como una demanda ciudadana pendiente, mientras en la práctica se protege el botín. La iniciativa, consensuada en Gobernación, llegará mañana al Congreso para una ruta crítica: sin discusión y con aprobación fast track. En este Plan B, el PT y el PVEM celebran porque no sufrirán recorte alguno; el costo lo pagarán los municipios. Veremos qué dicen los gobernadores, aunque la historia sugiere que terminarán por disciplinarse. El dilema persiste: ¿queremos una democracia más barata o simplemente un poder con menos contrapesos? Imagen de Reforma.
