Por Fred Álvarez

La Presidenta recurrió -de nuevo-, a la historia para explicar que la relación con el vecino del norte es un péndulo. Citó las “excepciones luminosas” —como el respeto de Lincoln hacia Juárez o la sintonía de Roosevelt con Cárdenas— para contrastarlas con lo que llamó los “momentos vergonzosos” del periodo neoliberal.
Su blanco principal fue la figura de Francisco Labastida. Sheinbaum desempolvó una vieja confesión del sinaloense: la tesis de que Ernesto Zedillo “entregó” la presidencia a la oposición a cambio del préstamo de 40 mil millones de dólares tras la crisis del 94. Para ella, este es el ejemplo perfecto de soberanía hipotecada, un recordatorio para los jóvenes de que el “piso parejo” no siempre fue la norma.
El Retorno de los “Fantasmas” de Seguridad
El tema de “Rápido y Furioso” volvió a la mesa. A pesar de ser un caso cerrado hace años, la Presidenta lo utilizó para ilustrar cómo, en el pasado, se permitieron operaciones a espaldas del pueblo que terminaron en tragedia. Esta referencia sirvió para aterrizar en la tensión actual: las solicitudes “urgentes” de detención y extradición que llegan desde una oficina del Departamento de Justicia en Nueva York.
La postura fue clara: pruebas antes que urgencias. La Fiscalía y la Cancillería no se moverán por presiones mediáticas o diplomáticas sin que haya un expediente sólido.
La batalla por la narrativa: el “dilema” y Palenque
Sheinbaum aprovechó para sacudirse las críticas que la sitúan en una encrucijada respecto al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Frente a los “jueces” del periodismo —como ella llamó a los columnistas críticos—, negó estar en un dilema:
Desmintió con humor y firmeza que su reciente viaje a Chiapas fuera para “pedir línea” a López Obrador. Calificó estas interpretaciones de misóginas, asegurando que su reunión con la secretaria Raquel Buenrostro fue un acuerdo de trabajo ordinario en un hotel del Tren Maya, no un “cónclave” de sombras…
“¿Por qué fuimos a Palenque?, ya lo teníamos programado —porque las giras las programamos— porque es una obra muy importante la unión del Interoceánico con el Maya, y se dio hace unas semanas.
Y la verdad, es una obra muy… “¡Ah! Ya fue la Presidenta a pedir línea”.
Para empezar, no tendría nada de malo que me reuniera con el Presidente López Obrador, no tendría nada de malo.
Ah, no, pero ―no me reuní―… Ah, no, pero “ya fue a pedir línea, ya desde Palenque están orientando la política nacional”.
Tiene mucho rasgo de misoginia, la verdad. O sea, como si la Presidenta no pudiera tomar decisiones del futuro del país.”, dijo.
La Brújula de los Principios
En el fondo, el mensaje de la Presidenta fue una reafirmación de identidad. Invocó un consejo de su antecesor: “cuando tengas duda, recurre a los principios”. Para ella, la soberanía es un principio no negociable, independientemente del partido del funcionario señalado.
La crónica de este día cierra con una advertencia al exterior y un mensaje al interior: la Presidenta asegura que no agachará la cabeza. La relación con EU seguirá siendo de coordinación, pero, según sus palabras, jamás de subordinación. La soberanía, esa “palabreja” que tanto resuena ahora, vuelve a ser el eje sobre el que gira la política exterior mexicana.
Mmm.

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