Tras la muerte de agentes de la CIA en Chihuahua, la diplomacia se quitó la máscara para mostrar los dientes. Donald Trump no dio un discurso hoy, lanzó un certificado de defunción: “México está perdido; somos su única esperanza”. Bajo esa sombra, su vocera Karoline Leavitt reclama de Sheinbaum una “empatía” que, en este contexto, suena más a sumisión que a consuelo.

Sheinbaum camina sobre cristales rotos. Sus condolencias el lunes fueron el protocolo, pero su nota diplomática es el acero: cuestiona qué hacían extranjeros operando en nuestra casa. En este tablero, la cooperación ya se confunde con la intervención.

La línea entre socios e invasores se ha borrado con sangre. Mientras Trump prepara el terreno para cruzar la frontera con algo más que palabras, México intenta sostener los muros de un hogar que el vecino ya reclama como suyo.

La pregunta inquieta: ¿Cuánta soberanía entregaremos para ser “salvados” por quien ya nos dio por perdidos?

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