Prologo
¿ Qué sentido tiene recordar el pasado ? Y más aún si este pasado tiene que ver con un episodio de la política nacional, en la que millones de mexicanos creyeron que surgiría un auténtico cambio del panorama político de México y por añadidura de su situación económica y social.
Y si la evocación de este pasado tiene que ver con el paso de Fox al frente de la Presidencia de la República, ¿valdría la pena considerar esta reminiscencia? ¿acaso no gozaron de impunidad el resto de los presidentes que antecedieron a Fox?
Además los recuerdos no resuelven ni cambian la historia.
¿Por qué retroceder entonces a los años en los que Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa ocuparon la silla presidencial si no ha existido una autentica cultura en la rendición de cuentas por parte de quienes ocuparon Los Pinos antes que Fox y su respectivo sucesor ?
¿ Así bien, por qué y por dónde empezar el recuento de los años foxistas ? Me parece que estas interrogantes no son ociosas, y si bien es cierto que el tiempo ha sido el mejor aliado de aquellos políticos que en su momento se encargaron de dirigir el rumbo político de la nación mexicana, para olvidarnos de sus aciertos y errores; el caso de Vicente Fox al frente de la Presidencia de la República; no tendría que soslayarse tan fácilmente. Y aquí es donde respondo al por qué: Fox se convirtió en el primer Presidente de la República emanado de un partido diferente al PRI. Desde luego, esto fue posible gracias a su carisma y al distanciamiento que tuvo en su discurso y en su arquetipo con la figura y la imagen desgastada del político solemne, envuelto en escándalos o en casos corrupción, que habían desfilado por los medios de comunicación en innumerables ocasiones y que por obvias razones habían generado un hartazgo generalizado para los ciudadanos.
Por lo tanto, Fox se presentó y lo presentaron como el hombre campirano que sólo pretendía acabar con las “tepocatas”, “víboras prietas” y “alimañas”, -como solía referirse él mismo hacia ciertos políticos- que desde su perspectiva, habían sido los causantes de la debacle nacional en diversos rubros y, de ahí partió su impacto mediático entre un preponderante número de ciudadanos hastiados de una política que simple y llanamente, ya no representaba ningún anhelo en sus distintas expectativas; por ende creyeron sin duda alguna en aquel hombre que se proponía darle la vuelta a la historia, con la idea de abandonar todo vestigio del régimen priísta.
Y efectivamente: Vicente Fox consiguió la proeza de ganar las elecciones del 2 de julio de aquel año 2000, en medio de ese fervor ciudadano que lo concebía como una especie de redentor no sólo del quehacer político nacional; sino del país en su conjunto, ya que en su discurso y en sus promesas de campaña, prometió darle un viraje radical al panorama existente de aquellos días; el cual resultaba más que desgastante para quienes ya no se sentían representados ni en las instancias gubernamentales, ni legislativas; a causa de una serie de innumerables actos de corrupción, violencia política y pugnas al interior del PRI que, no sólo evidenciaban sus respectivas fisuras, sino además su abandono hacia la parte esencial como representantes populares. El poder contra el poder mismo, y la ambición desmedida fue determinante para la debacle del PRI en las elecciones presidenciales de aquel año.
Por consiguiente, el repaso al foxismo no es un pretexto cualquiera, puesto que Fox con su llegada a la Presidencia de la República, no se convirtió en un presidente más en la historia de México. Fue el hombre en el que millones de mexicanos confiaron para alcanzar el ansiado cambio en las formas de hacer política, en una nueva era de prosperidad para el país, y con ello: una auténtica rendición de cuentas de parte del Poder Ejecutivo ante los ciudadanos y desde luego ante los poderes Legislativo y Judicial. En síntesis: a Fox le tocó el honor de ser el protagonista central de aquella utopía que muchos soñaron: la salida del PRI de Los Pinos. Por añadidura, asumió la delicada responsabilidad y el compromiso de instaurar la transformación social, política y económica que anhelaba la sociedad mexicana.
De manera que el sexenio Foxista fue un parteaguas y como tal , más que un pretexto para satanizar la llegada del PAN a la Presidencia de la República, las subsecuentes líneas buscan aterrizar la importancia del triunfo de Fox en las elecciones presidenciales de aquel año 2000; y de manera intrínseca la paradoja que lo acompañó a lo largo de ese sexenio: por un lado, el lejano cumplimiento de sus promesas de campaña y su ensimismamiento como figura mediática por encima de su investidura presidencial , ¿qué quiero decir con esto último ? Que Fox, de manera voluntaria o involuntaria se volvió una especie de narcicista ante los medios de comunicación, porque no dejaba de destacar su inmenso logro de haber derrotado al PRI, pero también mantuvo como principal aliado; a su imagen, por encima de la construcción de un auténtico estadista.
Fox fue víctima de su mismo protagonismo, de ese afán por una presencia en los medios que le permitiera seguir con el festejo de esa inicial luna de miel que vivió con los ciudadanos que lo llevaron a la Presidencia de la República. Sin embargo, no entendió que su epopeya no inició ni terminó con su arribo a los Pinos. La compleja situación económica, política y social del país, lo esperó y lo rebasó durante los seis años que gobernó; y quizá esta afirmación podría considerarse un tanto desfasada o hasta maniqueísta, pero no tan alejada de la realidad, porque finalmente lo que se esperaba eran resultados fehacientes y no pretextos que pudieran justificar las acciones, aciertos o errores cometidos en aquella administración.
Lo anterior viene a cuento porque desde las filas del partido blanquiazul y desde otros sectores que de alguna u otra manera defendieron a ultranza el arribo de Fox a la Presidencia de la República, lo hicieron en más de una ocasión, bajo un argumento francamente coloquial y hasta vergonzoso, pues solían esgrimir que “más de setenta años” no se podían borrar en un sexenio o que los “priístas fueron peores”, como si el asunto de la alternancia en la Presidencia de la República, hubiera sido una especie de competencia en la que se midiera el nivel de corrupción y errores entre las administraciones priístas y las panistas. Al parecer los panistas que estuvieron al frente del país en aquellos años no entendieron que la principal apuesta ciudadana en torno a Fox, estuvo basada en la ilusión de romper con todo aquello que representara el antiguo régimen, por lo tanto, no podía haber espacio alguno para comparativos de esta índole, porque era más que evidente y obvio el estar conscientes de que los cambios no serían mágicos y que Fox no representaría en un sexenio la panacea hacia el caudal de problemas de aquellos años-
Sin embargo, ,en la medida que transcurrieron los días del sexenio foxista sin los resultados tan anunciados, por obvias razones el desconcierto ciudadano también se acrecentó y fue acompañado de manera inherente por su respectivo sentimiento de frustración.
Aún así Vicente Fox permanecía en su propio limbo, con la creencia o el autoconvencimiento de que el país avanzaba correctamente.
Y entonces, su tozudez fue llevada a los medios y algunos de éstos no dudaron en exhibirlo, aunque por supuesto, tampoco faltaron las voces más que complacientes. Evidentemente esta relación: medios de comunicación y Fox, tendrá su respectivo espacio más adelante, pues sin duda alguna el de los medios fue una de las asignaturas que se postergaron y que desafortunadamente dejaron una secuela nada gratificante. Y claro está: porque sin duda alguna, el de los medios de comunicación es y seguirá siendo un tema más que importante en el fortalecimiento de todo régimen democrático, pero también en el retroceso del mismo, de acuerdo al rol o protagonismo que asuman en medio del acontecer que día a día define el rumbo del país.
Por ello: este texto es un ejercicio contra la amnesia que tanto nos ha costado como ciudadanos, a pesar de lo lejano que resulta mirar hacia aquellos días en que Fox gobernó el país. Esta es una de las apuestas de este libro, porque el olvido no debería de existir en el plano de lo político y no precisamente como una invitación al resentimiento, sino al simple hecho de respetarnos como ciudadanos y como tales: hacer de nuestro voto un medio eficaz de fiscalización, de reconocimiento, pero también de censura hacia los partidos y representantes populares que han acentuado el desencanto ciudadano hacia la política , algunas instituciones y por supuesto: hacia las urnas.
Y vale la pena aclarar desde el inicio de estas páginas que, la presente revisión del sexenio de Fox al frente de la Presidencia de la República no se hizo desde una perspectiva tendenciosa; tampoco de una forma acuciosa ; y mucho menos con el afán de presentar su actuación como un suceso deleznable o una experiencia reprobable; a pesar de la controvertida y estridente personalidad de Vicente Fox que, trascendió los muros de Los Pinos; aún después de terminada su estancia en la residencia presidencial.
Tan sólo se trata de encontrar ese justo medio o un balance si se prefiere, de lo que fue ese episodio de nuestra historia que despertó diversas emociones y esperanzas, porque ¡por fin! El PRI perdía la Presidencia de la República y con ello, en medio de la penumbra política que cubría el escenario nacional, se aparecía una luz que bien podía iluminar el sendero de una nueva etapa para el país en su conjunto.
Esto no quiere decir que en este espacio hayamos concebido al PRI como el principal responsable de los problemas que se acumularon a lo largo de los más de setenta años que estuvo al frente de la Presidencia y que la bonanza política, económica y social vendría por sí sola con su respectiva derrota en las urnas, y particularmente con su derrota al frente de la Presidencia de la República.
Simplemente se trata de entender que uno de los diversos aspectos del triunfo de Fox en las elecciones del año 2000, tuvo que ver precisamente con el desgaste intrínseco del propio PRI, y porque más allá de sus apologistas o detractores y, como toda utopía que se inventa o construye, el sueño de ver a un presidente de la República que no emergiera del PRI, representaba por ese simple hecho; una esperanza de cambiar lo que hasta entonces se había vivido.
Fue más que claro el agotamiento del modelo priísta en esos años, que arrastraba consigo mismo un alud de afrentas ante la ciudadanía, difíciles de olvidar, junto con todo ese entramado institucional que pudo crear para mantenerse en el poder desde una vía legal, con una oposición dividida en ciertas posturas complacientes y concertadoras, y por otro lado; una oposición marginada en algunos de los debates que definieron el rumbo de la nación.
Por ello es que hacemos alusión a la derrota priísta, como una de las diversas aristas que envolvieron el triunfo de Fox, y no porque se le atribuya al PRI la total y absoluta responsabilidad del entorno que se creó en el país, porque finalmente la tiranía de la realidad nos volvió a demostrar que, hay ciertos sectores de la ciudadanía que le apostaron al pragmatismo, al voto de castigo y acompañados por cierta dosis de amnesia, a la evocación por un pasado político inmerso en un saldo no muy favorable, que nos hicieron recordar la frase célebre del maestro Augusto Monterroso: “ cuando desperté el dinosaurio seguía ahí “.
Y prueba de lo anteriormente señalado se vivió en las elecciones intermedias de julio de 2009 en donde de nueva cuenta el PRI regresó por sus fueros perdidos, con destacados triunfos que lo colocaron una vez más como un actor central de la política nacional y con ello; por enésima ocasión constatamos que, pese al historial creado con momentos de aciertos y errores; la reminiscencia hacia ese pasado no se desterró tan fácilmente, pues no dejaron de existir esas voces dentro del imaginario colectivo que pensaban que a pesar de los malos momentos vividos con el PRI, al menos contaban con cierta estabilidad. De manera que aunque paradójico resultó este hecho – pues se supondría que las heridas de las administraciones priístas aún no cicatrizaban del todo- fuimos testigos de la añoranza hacia ese dinosaurio que pensábamos que ahora sí estaría en vías de extinción, pero que regresó al escenario político nacional, con ese afán por recuperar lo que parecía que nunca perdería: la Presidencia de la República.
Pero ¡ en fin ¡ Ese será un tema que analizaremos más adelante por obvias razones, pues si bien es cierto que la alternancia política es un elemento insoslayable de todo régimen democrático y que por lo tanto no tendría por qué sorprendernos o alertarnos el posicionamiento que tuvo el PRI, no dejó de llamar la atención porque aún prevalecieron ciertos sectores de la sociedad que demostraron olvidar fácilmente y esto fue un tanto indignante no sólo por la ausencia de una postura crítica frente a la actuación que han tenido diversos partidos y políticos que han asumido posturas francamente lesivas para el país. Esto podría llevarnos a pensar, aunque parezca muy cruel: que la inevitable manipulación hacia la ciudadanía se puede dar sin grandes dificultades desde cualquier frente: llámense medios de comunicación, los propios partidos políticos, pero lo más lamentable me parece que tiene que ver con la propia miopía que han tenido ciertos sectores de la ciudadanía, frente a ese aletargamiento mostrado en momentos cruciales para la nación.
