El vuelo de Mara Lezama
Imagina el contraste a las cinco de la mañana. Mientras un trabajador en Quintana Roo toma su café apurado para alcanzar un transporte público abarrotado rumbo a su extenuante jornada en la zona hotelera, allá arriba, muy por encima de las nubes y del discurso de la “austeridad republicana”, el silencio de una cabina VIP lo domina todo. No es el jet de un empresario o de un magnate; la pasajera es la gobernadora.Mara Lezama ha cruzado la puerta de embarque hacia el jet-set. La crónica de sus cielos, recién documentada por Abel Barajas en las páginas de Reforma en Pp., nos golpea con una doble realidad. Desde que asumió el poder, su pasaporte registra 119 vuelos internacionales. El detalle que duele aquí en la tierra es que 97 de ellos han sido en aeronaves privadas.
Para dimensionar la altitud de estos privilegios: la Presidenta Sheinbaum apenas suma ocho salidas al extranjero en dos años.
Pero la verdadera pregunta, la que nos hacemos quienes seguimos caminando a ras de suelo, es el costo de ese cielo. Saquemos cuentas. Una hora de vuelo en los lujosos Gulfstream o Learjet que suele utilizar ronda los 6 mil dólares. Una escapada rápida a Orlando, Florida, devora más de 400 mil pesos; ir a pisar la nieve en Vail, Colorado, rebasa los 812 mil pesos por viaje.
Aquí es donde la matemática choca de frente con la realidad: el salario mensual neto de la gobernadora es de 102 mil pesos. Es decir, un solo vuelo a las montañas de Colorado equivale a ocho meses íntegros de su trabajo oficial.
¿Quién firma esa factura? ¿Cómo se sostiene un ritmo de vida con aires de realeza en una administración que llegó a las urnas con el estandarte de “primero los pobres”?
Las bitácoras de vuelo son frías y no mienten. Lo que sí dejan claro es que, en la política actual, la austeridad parece ser un mito diseñado exclusivamente para los que seguimos esperando el camión en la acera.
PD: El 1 de febrero de 2020, un día después de aterrizar en un vuelo privado tras disfrutar de Vail, Colorado, la entonces alcaldesa de Cancún regresó apresurada a Quintana Roo. ¿El motivo? Acompañar al entonces Presidente López Obrador a una gira en Playa del Carmen, intentando mantener los pies en la tierra para la foto.
