«¿Se acuerdan cuando la ley contra la violencia política de género se diseñó para proteger a las mujeres de agresiones reales en la arena pública? Bueno, pues olvídenlo. Hoy se ha convertido en el boleto VIP de la clase política para blindarse del ridículo y aplastar la libertad de expresión.El caso que desmenuza Sergio Sarmiento hoy en Reforma sobre el caricaturista Paco Navarrete raya en la ciencia ficción orwelliana. ¿Qué hizo Navarrete? Un cartón burlándose de la ocurrencia de una diputada de Morena que quería ponerle un arancel de setenta por ciento al aguacate para intimidar a Trump. ¿La respuesta del Tribunal Electoral? Declararlo culpable de violencia digital, simbólica y hasta sexual, obligándolo a una disculpa pública… ¡analizada con tecnología para certificar si sus gestos reflejan un arrepentimiento sincero!Estamos llegando a niveles kafkianos. Ya no solo te castigan por lo que dices o dibujas, sino que pretenden auditar tu conciencia. Cuando el poder utiliza una ley noble como trinchera para proteger su propia ignorancia y acallar a periodistas y ciudadanos —como ya lo sufrieron también Héctor de Mauleón o Karla Estrella—, la justicia de género deja de ser justicia para convertirse en lo que verdaderamente es: un censo de censores y la policía del pensamiento operando a todo vapor en México».
