Cómo es vivir por y para el periodismo cuando no tienes los reflectores de los medios masivos de comunicación y por ende: esa fama que muchos persiguen a través de frivolidades.Escribir, comentar, analizar y más aún: trastocar poderes formales, fácticos o interés económicos es un sinónimo de homicidio en México y en otro sentido: un pretexto para ser perseguido.Cada palabra proferida o escrita es la fe por cambiar aquello que lastima no sólo al ser humano y nuestra propia inteligencia.El periodismo ha sido banalizado por quienes creen que detrás de una grabación ya son profesionales de la comunicación.Mientras que los héroes y heroínas anónimas como el caso de Roxana Guzmán, terminan en el olvido y en una estadística más de este México impune que nos ha tocado vivir.Dice Ryszard Kapuscinski que los ” cínicos” no sirven para el oficio periodístico y Roxana nunca fue una persona ajena a su entorno y a la denuncia de aquello que le resultó execrable.Quién se va a acordar de ella, no lo sé, las presentes líneas son un mínimo homenaje para una mujer que vivió y sufrió el periodismo sin complacencias.Nuestro país orgullosamente tiene una notable lista de periodistas valientes como el caso de : Carmen Aristegui, Ana Lilia Pérez, Nayeli Roldán, por mencionar algunas que, además tengo el enorme gusto de conocer y contar con su amistad y el privilegio y honor de haber compartido un espacio periodísticamente hablando.

Que no quede impune este indignante suceso y que se entienda que el periodismo no sólo debe realizarse con ética, responsabilidad social y respeto al orden jurídico que lo regula, sino además: bajo la tutela del Estado Mexicano y con la forme convicción de que en la actual coyuntura que nos ha tocado vivir; los medios y periodistas asumimos el rol de ser un contrapeso ante cualquier acto de impunidad y de los excesos de los órganos del Estado, en medio de la ausencia de órganos constitucionales autónomos y de una división de poderes.Hasta siempre Roxana .

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