Por: Fred Alvarez Palafox
Por: Fred Alvarez Palafox
La “austeridad republicana” se ha predicado como el pilar ético de todo un movimiento de transformación. Sin embargo, las nubes sobre Quintana Roo nos cuentan hoy una historia muy distinta; una donde el discurso oficial choca de frente contra una realidad que, literalmente, vuela demasiado alto.Una investigación periodística reciente de Abel Barajas del diario Reforma, sustentada en registros migratorios oficiales, ha puesto sobre la mesa cifras que incomodan incluso a los propios legisladores del partido en el poder. Se documentan 605 movimientos migratorios de la gobernadora Mara Lezama, su familia y aliados políticos.
Lo grave es que casi la mitad de estos —283 movimientos— se realizaron en vuelos privados a bordo de aeronaves ejecutivas de alta gama. La controversia se agudiza aún más al encontrar en esa bitácora a Eugenio “Gino” Segura, exfuncionario y actual contendiente político, evidenciando esa peligrosa línea donde se mezclan la amistad, la familia y el ejercicio del poder.
Pero hablemos de los costos, porque volar alto exige respuestas. Operar estos jets ronda los 6 mil dólares por hora.
Para dimensionarlo: un viaje privado a Orlando —destino al que Lezama suma 53 entradas y salidas desde finales de 2022— representa un gasto aproximado de 406 mil pesos. Y un vuelo al exclusivo destino de esquí en Vail, Colorado, cuesta unos 812 mil pesos.
El contraste es demoledor cuando revisamos la Plataforma Nacional de Transparencia. El sueldo mensual neto de la gobernadora es de poco más de 102 mil pesos. Es decir: un solo vuelo redondo a Vail equivale a casi ocho meses íntegros de su salario oficial.
La gobernadora morenista intentó atajar la polémica hoy a través de la red social X. Su defensa se articula en dos frentes: primero, niega tajantemente haber tocado el erario, escudando su capacidad económica en tres décadas de trabajo dentro de la iniciativa privada. Segundo, justifica el uso de estos jets privados como una necesidad operativa para combinar —y cito textual— “su rol como madre y sus responsabilidades como servidora pública”.
Sobre la apabullante cifra de vuelos, Lezama la califica de irreal. Argumenta que esa cantidad de viajes equivaldría a estar un año entero de vacaciones; algo imposible, asegura, para alguien que promete trabajar 24/7, sin descanso y con total entrega.
El eco de esta turbulencia llegó, inevitablemente, hasta Palacio Nacional. En la mañanera de hoy, la Presidenta optó por pasar la estafeta y dejar la carga de las explicaciones en manos de la mandataria estatal. “Se tiene que aclarar… ella tiene que aclarar”, sentenció desde el atril. Sin embargo, fiel a la costumbre, no desaprovechó la tribuna para intentar desacreditar el trabajo periodístico que sacó a la luz esta bitácora de lujos.
Mmm.
Pero el debate público exige ir más allá de un post en redes sociales o de las descalificaciones matutinas. Si no se usó el erario para pagar a operadoras aéreas como Pabe-Tax o Redwings, queda una pregunta central: ¿fueron gastos personales genuinos, aportaciones logísticas, o qué tipo de financiamiento hay detrás?
En política, el uso de aviones privados obliga a explicar la fuente de pago para evitar suspicacias sobre posibles favores o contratos.
El dilema de fondo, más allá del origen del dinero, es la profunda disonancia ética.
Cuando un proyecto exige a sus militantes erradicar los privilegios y acercarse al pueblo, la ostentación en jets privados fractura la confianza ciudadana y desdibuja la narrativa de igualdad. En la vida pública no basta con asegurar que la mano no toca el cajón; hay que entender que la opulencia, en un país marcado por tantas deudas sociales, resulta, por decir lo menos, políticamente insostenible.
Para la historia inmediata.
