Por Fred Álvarez

Aquel día de agosto de 2023, la solemnidad del atril en Palacio Nacional se transformó, de golpe, en un patio de recreo. La profesora Ana María Prieto tenía una misión crucial: defender la solidaridad de la Nueva Escuela Mexicana frente al frío individualismo tradicional. Pero en su afán de ilustrar el punto, la forma terminó devorando al fondo.

Al entonar aquel infantil “lero, lero, maromero” entre saltitos y manoteos, la docente creyó escenificar los vicios del viejo modelo. El costo, sin embargo, fue altísimo: despojó de toda gravedad y rigor a una reforma nacional que urgía de altura de miras. Aquel instante de teatralidad chocó de frente contra la implacable guillotina de las redes sociales.

La ironía, vista a la distancia, es dolorosa. En un intento genuino por desterrar la burla y la exclusión de las aulas, la vocera se convirtió, en cuestión de horas, en el blanco perfecto de ambas. La memeficación eclipsó por completo el debate; la caricatura terminó asfixiando a la pedagogía. ( Calderón es elocuente hoy en reforma.com..)

Al final, el país entero se distrajo consumiendo el baile viral y perdimos la oportunidad de discutir, con la seriedad debida, qué modelo de aprendizaje queríamos para nuestros niños.

En su momento nos reímos del meme, sí… pero hoy, al enfrentarnos a los fríos resultados de la prueba PISA 2025, nos damos cuenta de que la realidad nos ha pasado la factura, y nos la está cobrando muy caro..

Para la historia inmediata!

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