Por Cindy Pulido
En la FILUNI 2026, Angela Davis y Gina Dent plantearon aspectos de suma relevancia sobre el castigo, la justicia y las estructuras que producen violencia. Pero su visita a la UNAM también posicionó otra pregunta en el panorama: ¿qué ocurre cuando los derechos conquistados por las mujeres vuelven a ser presentados como algo que puede ponerse en duda?
¿Por qué, cuando ocurre un hecho violento, nuestra primera respuesta suele ser pedir castigo? ¿Por qué asumimos que una pena más severa necesariamente significa más justicia? Y, por último pero no menos importante, ¿qué estamos dispuestos a cuestionar de las instituciones que hemos aprendido a considerar incuestionables?
Estas fueron algunas de las preguntas que atravesaron la conferencia magistral “Abolición, feminismo, ¡ahora!”, encabezada por Angela Davis y Gina Dent durante la octava edición de la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (FILUNI 2026), organizada por la UNAM.
El auditorio de la Sala Miguel Covarrubias se llenó, las gradas también y hubo estudiantes que esperaron durante horas para ingresar. Quienes no consiguieron lugar siguieron la conversación desde las sedes alternas habilitadas para la transmisión.
Davis y Dent colocaron en el centro del debate los límites de una sociedad que suele responder a problemas complejos mediante instituciones punitivas. Cárceles, policías y castigos pueden formar parte de las respuestas frente a determinados delitos, pero la discusión abolicionista plantea una perspectiva diferente, es decir, ¿qué sucede cuando pretendemos resolver problemas sociales sin modificar las condiciones que los producen?
La violencia de género, el racismo, la desigualdad económica y la precariedad no aparecen de manera aislada. Se cruzan, se alimentan y, en determinadas circunstancias, pueden profundizarse mutuamente, por eso, hablar de feminismo abolicionista no significa ignorar a las víctimas ni minimizar la violencia. Significa preguntarse qué tipo de justicia queremos construir y si el castigo, por sí solo, puede reparar un daño, transformar una comunidad o impedir que una violencia vuelva a ocurrir.
El feminismo no puede darse por sentado
En distintos momentos de la historia, los derechos de las mujeres parecieron imposibles antes de convertirse en conquistas. El derecho al voto, el acceso a la educación, la participación política, la autonomía económica y el reconocimiento de múltiples formas de violencia fueron resultado de discusiones, movilizaciones y, sobre todo, de mujeres que se atrevieron a preguntar por qué aquello que se les negaba debía considerarse normal, por eso resulta peligroso asumir que esos derechos son irreversibles.
En el debate contemporáneo existen movimientos y discursos que buscan restringir derechos de las mujeres, cuestionar su participación política o regresar determinadas decisiones sobre sus vidas al ámbito de la tutela, la tradición o la autoridad. Frente a ello, el feminismo no puede reducirse a una consigna ni convertirse en una discusión reservada para las aulas universitarias. Dudar no significa carecer de convicciones. Significa negarse a aceptar una respuesta únicamente porque ha sido repetida durante mucho tiempo. Significa preguntar quién construyó una determinada norma, a quién beneficia, a quién excluye y qué consecuencias tiene porque la duda obliga a argumentar, a preguntar, a discutir y hablar… Todo lo anterior es fundamental cuando se trata de defender derechos.
Cuestionar también es defender la voz
Quizá uno de los elementos más importantes de la conversación de Davis y Dent sea precisamente la invitación a imaginar alternativas. La abolición, plantearon, no comienza únicamente cuando desaparece una institución, sino cuando somos capaces de imaginar y construir otras formas de vivir.
También necesitamos imaginar sociedades en las que la igualdad de las mujeres no dependa de que cada generación tenga que volver a justificarla. Sociedades donde votar, estudiar, participar en política, decidir sobre la propia vida y ocupar espacios de poder no sean concesiones que puedan retirarse.
El feminismo, en ese sentido, no debería ser entendido como una doctrina cerrada, sino como una herramienta para interrogar las relaciones de poder. Una herramienta que puede y debe ser revisada, discutida y enriquecida, pero que no puede abandonarse justamente cuando aparecen discursos que pretenden convencer a las mujeres de que sus derechos son excesivos, innecesarios o negociables.
La presencia de Angela Davis y Gina Dent en la UNAM deja, entonces, una conversación que va más allá de FILUNI, porque nos obliga a pensar qué entendemos por justicia, qué instituciones queremos conservar y cuáles necesitamos transformar. Pero también nos recuerda algo elemental: los derechos no sobreviven únicamente porque alguna vez fueron conquistados.
Angela Davis y Gina Dent en la UNAM: la abolición también comienza cuando nos atrevemos a cuestionar
