La Secretaría de Gobernación no es cualquier dependencia; es el ministerio del interior, el máximo árbitro de la gobernabilidad nacional y la oficina que se supone, controla al Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Que su titular, Rosa Icela Rodríguez, admita en público no tener información sobre un tema de seguridad y formación policial en un estado clave como Querétaro revela dos escenarios, y ambos son profundamente alarmantes: o el aparato de inteligencia es inoperante, o la Secretaria prefiere la ceguera simulada para no asumir el costo político de posicionarse.
Escudarse en que primero debe “recabar información” para evitar un conflicto diplomático o político es un eufemismo para la evasión de responsabilidades. Decir “voy a investigar de qué se trata el asunto” no es la respuesta de la encargada de la política interior; es la respuesta de un oficinista al que le acaban de pasar un memorándum extraviado en el escritorio.
Si la funcionaria responsable de mantener el pulso del país, anticipar riesgos y coordinar la seguridad interior se entera de los temas críticos al mismo tiempo que el ciudadano de a pie que lee las noticias, el mensaje que se envía desde el Palacio de Covián es letal: no hay cautela, hay un vacío de poder disfrazado de prudencia.
Esa es, en efecto, la Secretaría de Gobernación en turno…
