Por Fred Álvarez

El lunes amaneció como cualquier otro, pero muy temprano la tierra decidió cobrar protagonismo y frenó en seco la rutina en el Pacífico colombiano. Un sismo sordo y violento de magnitud 7.4, con epicentro en las profundidades de San José del Palmar, en el Chocó, desató una sacudida que viajó a toda velocidad por el subsuelo, dejando una estela de miedo desde la costa hasta la cordillera.

En Cali, el pánico se adueñó de las calles. Los videos y los mensajes desesperados no tardaron en inundar lla red social.: edificios que crujían, polvo levantándose en las esquinas y más de veinte estructuras vencidas por el peso del temblor. La cifra duele. Hasta el momento, el Valle del Cauca llora a 27 personas, entre ellas cuatro niños a los que la mañana se les apagó de golpe.

Mientras tanto, en ciudades como Bogotá, Manizales y Pereira, miles de personas salieron de sus casas y oficinas con lo puesto, mirándose las caras en las aceras, esperando réplicas que nadie sabe cuándo pueden llegar.

Ante la magnitud del caos, el país se paralizó por precaución. Siete aeropuertos estratégicos cerraron sus pistas —entre ellos los de Cali, Pereira y Quibdó— para revisar cada milímetro de asfalto y evitar tragedias adicionales. El Comité Nacional para el Manejo de Desastres ya está operando, pero allá afuera, en los escombros, los rescatistas trabajan contra el reloj y con las manos, sabiendo que ahí abajo el aire y el tiempo se acaban muy rápido.

En medio de esta desolación, los vecinos del continente no han tardado en asomarse. Desde México la presidenta Claudia Sheinbaum levantó la mano de inmediato para ofrecer apoyo especializado. Estados Unidos también se sumó a los mensajes de respaldo, dejando claro que ante estos golpes, las fronteras pasan a un segundo plano.

Hoy, Colombia enfrenta esa amarga tarea de levantar piedras, buscar sobrevivientes y abrazar a los que lo perdieron todo. En las próximas horas, más allá de la evaluación técnica o la burocracia, lo que realmente va a sostener a las familias afectadas será esa terquedad tan humana de meter el hombro cuando todo se viene abajo.

No se les puede dejar solos.

Duele Colombia…

Crédito El País..

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *