El reportaje “La serie del vocero”, escrito por Santiago Igartúa Scherer para la revista Proceso, documenta cómo se tejió una red de presunto conflicto de interés y tráfico de influencias para financiar el documental “Los años heridos” con 84.1 millones de pesos del erario público.

La operación, que eludió la licitación pública mediante adjudicaciones directas pagadas por Capital 21, Canal Once y la CNDH, fue orquestada por tres funcionarios de la misma administración. La maniobra legal para justificar la exclusividad del contrato fue un libro de la autoría de Fritz Glockner, entonces director de Educal, quien cedió los derechos de su obra a la productora Gravedad Cero Films. Esta empresa fue fundada por Erwin Neumaier, exdirector de Cepropie y de los Estudios Churubusco, quien resultó beneficiado con dichos contratos millonarios justo en la época en que dirigía la producción técnica de las conferencias matutinas presidenciales.

El principal promotor de esta triangulación fue Jesús Ramírez Cuevas, el entonces vocero presidencial, quien gestionó los recursos con las dependencias aliadas, presentó el proyecto ante el Ejecutivo y hoy aparece como “asesor general” encabezando los créditos de la serie. La crónica de esta asignación revela una inflación en los costos, ya que la productora cobró un promedio de 157 mil pesos por minuto de transmisión, una cifra entre ocho y once veces mayor a sus tarifas anteriores con el Estado.
Además, destaca el caso de la CNDH, que desembolsó 60 millones de pesos por episodios que se entregaron incompletos y cuyo guion se basó en investigaciones que la propia comisión ya había realizado y pagado con su nómina.

Ante el hallazgo de ingresos atípicos millonarios en las declaraciones patrimoniales (como en el caso de Glockner) y las evidencias documentales, los funcionarios han optado por el silencio o la evasiva, evidenciando cómo el aparato de comunicación gubernamental capitalizó el tema de la memoria histórica para favorecer financieramente a una empresa allegada, en abierta contradicción con el discurso oficial.

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