Resulta tristemente irónico ver a los altos mandos tomando decisiones desde la burbuja de un escritorio, mientras mandan a sus soldados a patrullar Mazatlán en bicicletas de pedales. Ponen a elementos entrenados para el combate a jugar a la “policía turística”, dejándolos en absoluta vulnerabilidad frente a un crimen organizado que impone su ley con armamento de guerra.
No da risa, da rabia. Detrás de ese verde olivo hay seres humanos cuyas familias los esperan en casa. Mandarlos a pedalear frente a los cárteles no es una “estrategia de proximidad” pacífica; es abandonarlos a su suerte y usarlos como carne de cañón.
Queda la duda: ¿esta burla fue autorizada por el General Secretario Trevilla Trejo o fue decisión de la Comandanta Suprema?
Como bien diría Discépolo en su Cambalache: “¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!”.
